Biografía de Epicuro

El Principio del placer es una de las aportaciones básicas que identifica a este antiguo filósofo, uno de los más importantes de la Antigua Grecia. En esta Biografía de Epicuro nos adentraremos en sus ideas, en sus pensamientos sobre el hedonismo,  aceptando la existencia posible de los dioses, pero recalcando de su naturaleza el inevitable desinterés ante los asuntos humanos.

Para Epicuro, la conclusión entonces es la misma: el ser humano no debe sufrir por asuntos que existen solamente en su mente; debe eliminar todo aquello que produce la infelicidad en los hombres y mujeres; el miedo a la muerte y a los dioses, así como el dolor y sufrimiento físico.


Índice

    Biografía de Epicuro

    Biografía de Epicuro: Vida y Obra

    Epicuro de Samos era su verdadero nombre. Nació en la Isla de Samos, actual Grecia, (h. 341-342 a.C.-  Atenas). Se cree que sus padres fueron Neocles y Querestrata, una adivina. Fue criado en el seno de una familia pobre ateniense y fue el segundo de los cuatro hijos. Tuvo tres hermanos: Neocles, Chaeredemus y Aristóbulo. Su padre, Neocles, fue un maestro que lo educó junto a varios filósofos, como Nausífanes.

    A cumplir los dieciocho años viajó a Atenas para ingresar al servicio militar. Según lo que se conserva de la Biografía de Epicuro, se sabe que perteneció a una familia noble ateniense, que provenía del demo ático de Gargetos y que e instaló en Samos, en donde se presume muy probablemente nació este enigmático filósofo y donde, con toda seguridad, vivió también sus años de infancia y adolescencia.

    Cuando las colonias atenienses fueron expulsadas de Samos, la familia de Epicuro se refugió en Colofón, y éste, con tan solo catorce años de edad, se dirigió a Teos, al norte de Samos, para ser formado por Nausifanes, discípulo de Demócrito.

    Ya a los dieciocho años se trasladó a Atenas, donde vivió un año; viajó después a Colofón, Mitilene de Lesbos y Lámpsaco, e hizo amistad con Hemarco de Mitilene, Metrodoro de Lámpsaco y su hermano Timócrates, quienes formaron luego el grupo más íntimo de los miembros de su escuela.

    La Escuela Jardín de Epicuro

    La Escuela Jardín de Epicuro

    Ya en el año 322 a.C., Epicúreo se había reunido con su progenitor en Colofón, donde comenzó a enseñar, afición que guardaba con mucho celo. Ya más seguro de su vocación, en el año 306 a.C., decidió fundar su Escuela del Jardín y en ella transcurrió y se dedicó el resto de su vida.

    Este Jardín se hizo famoso por enseñar a cultivar la amistad y por aceptar la participación de las mujeres, en contraste con la habitual Academia fundada por Platón y el Liceo de Aristóteles. De hecho, Epicuro negó la entrada a platónicos y peripatéticos, y sus enseñanzas fueron recogidas en un conjunto de obras muy cuantiosas, de acuerdo con el testimonio de Diógenes Laercio.

    Pero, de esas, solo ha llegado hasta nosotros una parte muy mínima, compuesta esencialmente por fragmentos. Con todo y esto, las ideas de Epicuro quedaron inmortalizadas en el poema latino “La naturaleza de las cosas”, de Tito Lucrecio Caro.

    Sin embargo, el epicureísmo como doctrina se desacreditó en gran parte porque su difusión causó algunas confusiones, que aún hoy persisten, entre sus principios y los referidos al hedonismo sensual proclamado antes por los cirenaicos.

    Esta situación no afecto la fama de la filosofía epicúrea que tuvo muchos discípulos distinguidos: el gramático Apolodoro y el poeta Horacio, el estadista Plinio el Joven y especialmente el poeta Lucrecio.

    La Doctrina y Ética Epicúrea

    La Doctrina y Ética Epicúrea

    La doctrina epicúrea exalta que el objetivo de la sabiduría es extirpar los obstáculos que se contraponen a la felicidad. Esto no significa, sin embargo, la búsqueda del disfrute desenfrenado, sino, por el contrario, la de llevar una vida mesurada donde el espíritu disfrute de la amistad y del cultivo del saber.

    La felicidad que deviene de las ideas epicúreas ha de comprenderse como el goce  reposado y sereno, fundamentado en la satisfacción organizada de las necesidades elementales del ser humano, reducidas solo a lo indispensable. El primer paso que se debe dar en este sentido es eliminar todo aquello que produce la infelicidad en los hombres y mujeres; el miedo a la muerte y a los dioses, así como el dolor y sufrimiento físico.

    Su argumento contra el miedo a la muerte es célebre, por cuanto mientras existimos, la muerte todavía es inexistente, y cuando la muerte existe, nosotros ya no existimos, por lo que priva de sentido angustiarse.

    En un sentido análogo, Epicuro acepta la existencia posible de los dioses, pero concluye de su naturaleza el inevitable desinterés ante los asuntos humanos. La conclusión entonces es la misma: el ser humano no debe sufrir por asuntos que existen solamente en su mente.

    La ética epicúrea se complementa con dos disciplinas: la canónica (doctrina del conocimiento) y la física (doctrina de la naturaleza). La primera de ella es una teoría de tipo sensualista, la cual asume la percepción sensitiva como la fuente esencial del conocimiento.

    La Doctrina Canónica o del conocimiento, permite eliminar los elementos sobrenaturales de la explicación ante los fenómenos; la causa de las percepciones se refiere a las finísimas partículas que despiden constantemente los cuerpos materiales y que afectan e impactan a los órganos de los sentidos.

    La Física en Epicuro

    La Física en Epicuro

    Por lo que se refiere a la física, se basó en una reelaboración del atomismo de Demócrito, del cual difiere abiertamente por estar presente un elemento original, cuyo propósito es el de aminorar el ciego determinismo de la vieja doctrina.

    Se trata de la permisividad a una cierta idea de libertad o de azar, a la que Lucrecio llamó el clinamen, es decir, la posibilidad de que los átomos experimenten naturalmente fortuitas desviaciones en su trayectoria y choquen  entre sí. En este sentido, el universo ideado por Epicuro encierra en sí mismo una cierta eventualidad, pues la naturaleza ha sido siempre como es y será siempre la misma.

    Esto es, para la doctrina epicúrea (y en general para el espíritu griego), un principio claro e irrefutable del cosmos que no proviene de la sensación. Y la contemplación de este mismo universo que sigue inmutable por medio del cambio, es uno de los fundamentos en los que se asienta la serenidad a la que todo sabio debe aspirar.

    Principios Epicúreos: Hedonismo y Ataraxia

    Principios Epicúreos: Hedonismo y Ataraxia

    Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004) en “Biografía de Epicuro”  de la enciclopedia biográfica en línea. Barcelona (España), hacen referencia a los principios filosóficos en los cuales sustentaba Epicuro todo su pensamiento. Concluyen que el epicureísmo “ha llamado la atención de numerosos seguidores y es considerada como una de las escuelas de filosofía y ética más influyentes de todos los tiempos”.

    Hedonismo

    Según las enseñanzas de Epicuro, la sabiduría se basa en una comprensión que le permite a la persona ser feliz. Acota que la felicidad, consiste en el placer o gozo (gr. hedoné). Al respecto el hedonismo epicúreo considera que el deseo natural de felicidad es equivalente al deseo de placer. Su doctrina está basada en la búsqueda del placer tutelada por la prudencia. Se opuso a la aceptación del destino, de la necesidad y hasta de la fatalidad.

    Ataraxia

    En palabras de Epicuro, la labor del hombre prudente reside en lograr la “ataraxia” (falta de turbación) del alma, lo que se logra a través del conocimiento y librándose del miedo a los dioses y a la muerte. Para este filósofo, el saber no sirve para nada si no ayuda al ser humano a ser feliz. Las principales fuentes sobre las doctrinas de Epicuro son las obras de los escritores romanos Cicerón, Séneca y Plutarco.

    Obras de Epicuro

    Según el historiador y biógrafo del siglo III d.C. Diógenes Laertes, a su muerte, Epicuro nos legó 300 manuscritos, que contienen 37 tratados sobre física y diversas obras sobre el amor, la justicia, los dioses y otros temas importantes.

    Además, se conocen algunas partes de sus enseñanzas por medio de la obra De rerum natura, del poeta Lucrecio.

    NOTA
    Frases de Epicuro

    • El cuerpo, en lances de amor, es parte indispensable del alma.
    • El futuro no es nuestro, pero tampoco puede decirse que no nos pertenezca del todo.
    • El hombre es rico desde que se ha familiarizado con la escasez.
    • El más grande fruto de la justicia es la serenidad del alma.
    • El que menos necesita del mañana es el que avanza con más gusto hacia él.
    • El que no considera lo que tiene como la riqueza más grande, es desdichado, aunque sea dueño del mundo.
    • La necesidad está dentro del mal, pero no hay causa, dianoética, alguna de vivir con necesidad.
    • Llegará un momento en que creas que todo ha terminado. Ese será el principio.
    • Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco.
    • Una ira desmesurada engendra la locura.
    • Comamos y bebamos que mañana moriremos.
    • Retírate dentro de ti mismo, sobre todo cuando necesites compañía.

    Muerte de Epicuro

    Muerte de Epicuro

    Según la Biografía que se tiene más reciente, señala que Epicuro murió en el año 270 a. C. en Atenas cuando tenía 71 años.  Su legado intelectual y humanístico fue muy grande. También se interesó por la óptica y se han conservado solo tres cartas y algunos fragmentos breves. Gracias a la biografía de Diógenes Laertes se puede conocer sobre Epicuro. Murió en Atenas, en 270 a. C. a causa de un cálculo renal.

    NOTA
    Sabías que…

    Epicuro, el sabio, es un cómic redactado por William Messner-Loebs y dibujado por Sam Kieth para DC Comics, donde los autores crean una divertidísima Atenas clásica en la cual aparecen personajes tan variados y extraños como el propio Epicuro, Platón, Sócrates, Pericles o Esopo.

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