Biografía de Horacio Quiroga

La Biografía Horacio Quiroga es digna de admiración, por cuanto su mundo, sus vivencias, sus dolores, sus amores, y todo lo que le daba aliento de vida, fue plasmado en sus cuentos y novelas. Leer a Horacio Silvestre Quiroga Forteza, su nombre real, es adentrarse en un rio turbulento y accidentado, cuyas historias lo encumbraron como uno de los mejores escritores latinoamericanos.


Índice

    Resumen de la biografía de Horacio Quiroga

    Biografía de Horacio Quiroga: Vida, Obra y Aportes a la Literatura

    Según la Biografía de Horacio Quiroga se sabe que nació en Salto, Uruguay un 31 de diciembre de 1878. Fue un auténtico cuentista, dramaturgo y poeta latinoamericano, de prosa vívida, naturalista y modernista.

    Sus breves relatos a menudo reflejan la naturaleza bajo aspectos temibles y horrorosos, como si fuese una enemiga de las situaciones vivenciadas por el ser humano. Aunque de estilo muy diverso. Ha llegado a ser comparado con el escritor estadounidense Edgar Allan Poe.

    Horacio Silvestre Quiroga Forteza era su nombre completo y nació cerca del río Uruguay. Fue el cuarto hijo de la unión entre Prudencio Quiroga y Pastora Forteza. Por parte paterna, era descendiente del caudillo riojano Facundo Quiroga. Su padre murió cuando él contaba con solo dos meses, tras al bajar de una embarcación y disparársele accidentalmente la escopeta delante de su mejor amigo, quien lo recibió en sus brazos.

    En el año de 1891, Pastora Forteza se casó con Mario Barcos, quien se convirtió en el padrastro de Quiroga, quien en 1896 sufrió un derrame cerebral quedando  semiparalizado y mudo, lo que lo llevó al suicidio, disparándose en la boca con una escopeta manejada con el pie justo en el momento cuando Quiroga, de 18 años, entraba en la habitación.

    Formación y Vivencias de su Juventud

    Realizó sus estudios en la capital de Uruguay (Montevideo) hasta que terminó en el colegio secundario, que incluyeron formación técnica (Instituto Politécnico de Montevideo) y general (Colegio Nacional).

    Ya desde joven demostró interés por la literatura, la fotografía, la química, el ciclismo, la mecánica, y la vida del campo. A esa edad creó la Sociedad de Ciclismo de Salto y emprendió un viaje en bicicleta desde Salto hasta Paysandú (120 km).

    Pasaba largas horas en un taller de reparación de maquinarias y herramientas. La influencia del hijo del dueño hizo que se interesara por la filosofía, definiéndose como «franco y vehemente soldado del materialismo filosófico».

    A la vez, trabajaba, estudiaba y colaboraba con las publicaciones de la La Revista y La Reforma. Todavía hoy se conserva su primer cuaderno de poesías, en cuyas hojas vertió veintidós poemas de distintos estilos, redactados entre 1894 y 1897.

    Fue en el carnaval de 1898, cuando conoció a su primer amor, María Esther Jurkovski, quien luego se convertiría en la inspiración para dos de sus obras más relevantes: Las sacrificadas (1920) y Una estación de amor.

    Pero los desencuentros provocados por los padres de la joven, quienes no aprobaban esta relación, debido a la descendencia no judía de Quiroga, los llevó a separarse.

    Quiroga y su Viaje a París

    La sinigual Biografía de Horacio Quiroga, no dice que luego de la muerte de su padrastro, decidió invertir la herencia que recibió en un viaje a París. Estuvo cuatro meses ausente. No obstante, las cosas no salieron como las había planeado.

    El joven que había partido de Montevideo en primera clase regresó en tercera, harapiento, hambriento y con una larga barba negra, a la cual más nunca renunciaría. Estos recuerdos sobre esta experiencia los logró resumir en “Diario de un viaje a París” (1900).

    Trayectoria Literaria: Consistorio del Gay Saber

    Trayectoria Literaria: Consistorio del Gay Saber

    Al volver a su país, Quiroga reunió a varios amigos y fundó el «Consistorio del Gay Saber», un laboratorio literario experimental donde probarían nuevas formas de expresarse y glorificarían los objetivos modernistas de la generación del 900.

    Pese a su corta existencia, este Consistorio iluminó la vida literaria de Montevideo y las diversas polémicas con el grupo de Julio Herrera y Reissig. El Consistorio del Gay Saber junto con la Torre de los Panoramas fueron los cenáculos más admirados de Montevideo. Estos lugares se convirtieron en el centro de reunión de escritores y pensadores de principios del siglo XX.​ El Consistorio se desarrolló desde 1900 hasta 1902 en una pensión donde Horacio Quiroga alquilaba una habitación.

    Emir Rodríguez Monegal, según devela  la Biografía de Horacio Quiroga, luego de su residencia en Salto, se dirigió a la capital a vivir con Julio J. Jaureche. Su amigo desde la adolescencia, Alberto J. Brignole, vivía cerca de allí. Con Asdrúbal E. Delgado y José María Fernández Saldaña, restituyeron el viejo grupo, sumándose un primo de Jaureche, Federico Ferrando.

    En el mismo cuarto que compartía con Jaureche, Quiroga fundó su tercer cenáculo literario: el Consistorio de Gay Saber, tal como lo nombró Ferrando inspirándo en las agrupaciones poéticas provenzales. La aparición de su primer libro le provocó una inmensa alegría (Los arrecifes de coral), pero se vio opacada por el fallecimiento de dos de sus hermanos, Prudencio y Pastora, víctimas de la fiebre tifoidea que atacó a los pobladores de El Chaco.

    El Duelo, Asesinato de Federico y su viaje a Argentina

    Una de las Biografía de Horacio Quiroga no dice que ese mismo año, su amigo Federico Ferrando -quien había recibido duras críticas del periodista Germán Papini Zas-, le comentó a Quiroga que deseaba batirse en duelo con aquel que lo había criticado.

    Horacio, preocupado por la vida de Ferrando, se ofreció a examinar y limpiar el revólver que iba a ser usado en la disputa. Pero mientras revisaba el arma, se le escapó un tiro que impactó en la boca de Federico, asesinándolo instantáneamente.

    Al llegar al lugar la policía, Quiroga fue detenido, sometido a interrogatorio y trasladado a una cárcel correccional. Pero al comprobarse que fue un accidente,  fue liberado tras cuatro días de reclusión. Esto llevó a Quiroga a disolver el Consistorio y a abandonar Uruguay para trasladarse a la Argentina, cruzando el Río de la Plata en 1902 para instalarse en casa de María, otra de sus hermanas.

    En Buenos Aires logró la madurez profesional, llegando a su punto culminante en sus estancias en medio de la selva. Y su cuñado lo inició en la pedagogía, consiguiéndole un trabajo como maestro en el Colegio Nacional de Buenos Aires.

    Misiones y Chaco

    Misiones y Chaco

    Ya nombrado como profesor de castellano en el Colegio Británico de Buenos Aires, en junio de ese mismo año y ya convertido en fotógrafo experto, la Biografía de Horacion Quiroga nos revela que acompañó a Leopoldo Lugones en una expedición a Misiones, financiada por el Ministerio de Educación.

    En esta, Lugones pretendía estudiar las ruinas de las misiones jesuíticas en esa localidad. La calidad fotográfica de Quiroga animó a Lugones a llevarlo, y el uruguayo logró documentar en imágenes ese viaje de descubrimiento.

    Llega el Reconocimiento y Vuelve a la Selva

    De regreso a Buenos Aires y luego de su experiencia en el Chaco, Quiroga se apasionó con la narración breve, lo que lo llevo en 1904 a publicar el libro de relatos “El crimen de otro”, muy influido por Edgar Allan Poe, quien fue reconocido y elogiado, entre otros, por José Enrique Rodó.  Estas comparaciones con Poe no incomodaban a Quiroga, quien las escucharía con placer hasta el fin de sus últimos días y respondería frecuentemente que él  era su primer y principal maestro.

    Durante dos años trabajó en varios cuentos, entre ellos de terror rural e historias para niños, a la cual pertenece la novela breve “Los perseguidos” (1905), gracias al viaje con Lugones a la selva misionera hasta la frontera con Brasil. También “El almohadón de pluma”, que fue publicado en la revista argentina Caras y Caretas en 1905, donde llegó a publicar hasta ocho cuentos al año, lo que lo convirtió en un colaborador prestigioso, muy buscado por miles de lectores.

    En el año de 1906 Quiroga vuelve a su amada selva y aprovechando las garantías que el gobierno ofrecía en la explotación de las tierras, adquirió una granja en sociedad con Vicente Gozalbo de 185 hectáreas en la localidad de Misiones, sobre la orilla del Alto Paraná, preparándose para vivir allí, mientras enseñaba Castellano y Literatura.

    Sus vacaciones y sus amores

    Durante sus vacaciones de 1908, se trasladó a su nueva granja y comenzó a edificar el bungalow donde se establecería. Enfermo enamorado de una de sus alumnas adolescente, Ana María Cires, le tributó su primera novela “Historia de un amor turbio”.

    Se empecinó en esta relación, a pesar de que los padres se oponían y por fin logró el permiso para casarse, llevándosela a vivir a Misiones con él. Sus suegros, preocupados por los riesgos de la vida en la selva, se trasladaron a Misiones con su hija y yerno, y se instalaron, además de una amiga, en una casa cercana al hogar del matrimonio Quiroga.

    En 1911, Ana María trajo al mundo a su primera hija, Eglé Quiroga, en su casa en la selva, mientras que el escritor comenzó la siembra de sus yerbatales en sociedad con su amigo uruguayo Vicente Gozalbo. A su vez, fue nombrado juez de paz en el Registro Civil de San Ignacio.

    Al siguiente año (1912) nació Darío, su hijo menor. Al caminar, Quiroga se ocupó  de su educación, acostumbrándolos al monte, exponiéndolos a menudo a los riesgos y fueran capaces de desenvolverse solos en cualquier situación.

    Regreso a Buenos Aires

    Regreso a Buenos Aires

    Su esposa, Ana María Cires (1890-1915), se suicidó tomando un químico para el revelado fotográfico, agonizando durante ocho días mientras fue atendida por Horacio. Luego Quiroga viajó con sus hijos a Buenos Aires, donde fue nombrado secretario contador en el Consulado General uruguayo de esa ciudad, gracias a las arduas gestiones de unos amigos orientales que lo ayudaron.

    A lo largo de 1917 vivió con los niños en un sótano, alternando su trabajo diplomático con la instalación de un taller en su hogar y el trabajo en muchos relatos, que fueron publicados en acreditadas revistas como «P.B.T.» y «Pulgarcito».

    La mayoría fueron recopilados por Quiroga en varios libros, el primero fue “Cuentos de amor de locura y de muerte” (1917)., cuya redacción fue solicitada por el escritor Manuel Gálvez —responsable de Cooperativa Editorial de Buenos Aires—, convirtiéndose de inmediato en un gran éxito de público lo que lo fortaleció como maestro del cuento latinoamericano.

    Al siguiente año apareció su celebrado “Cuentos de la selva”, una colección de sus relatos infantiles, protagonizados por animales de la selva, dedicados a sus hijos, quienes lo acompañaron durante esa etapa de pobreza en el húmedo sótano de dos pequeñas habitaciones y cocina-comedor.

    Con dos importantes ascensos, primero a cónsul de distrito de segunda clase y después a cónsul adscrito, también llegó su nuevo libro de cuentos “El salvaje” (1919). En 1920 y aun obsesionado con la idea del Consistorio, creó la “Agrupación Anaconda”, grupo de intelectuales que llevaban a cabo actividades culturales en Argentina y Uruguay.

    Se sabe que su única obra teatral “Las sacrificadas” fue publicada en 1920 y su estreno se dio en el año 1921, cuando salió a la venta “Anaconda y otros cuentos”. El diario La Nación también comenzó la publicación de sus relatos, que ya gozaban de popularidad.

    A su vez colaboró en “La Novela Semanal”. Entre los años 1922 y 1924,  fue secretario de una embajada cultural en Brasil, cuya Academia de Letras lo exaltó y, de regreso, se encontró con la publicación de su nuevo libro “El desierto”.

    Por muchos años se dedicó a la crítica cinematográfica, encargado de la sección de las revistas Atlántida, El Hogar y La Nación. Para ese entonces, escribió el guion para el largometraje “La jangada florida”, que nunca llegó a filmarse. Poco después, fue invitado a formar una Escuela de Cinematografía por Mom, Gerchunoff y otros, pero este proyecto no prosperó.

    Regreso a Misiones y su segundo matrimonio de Quiroga

    Segundo matrimonio de Quiroga

    Poco después regresó a Misiones nuevamente enamorado de una joven de 17 años, Ana María Palacio. Quiroga intentó convencer a los padres pero la negativa de estos y el consiguiente fracaso amoroso, lo inspiró en su segunda novela “Pasado amor”, publicada en el año 1929.

    Finalmente, los padres de la joven la llevaron lejos y Quiroga tuvo que renunciar a su amor. En una parte de su hogar, Horacio instaló un taller donde construyó  una embarcación: “Gaviota”. En su casa fue capaz de concluir esta obra y, tirada al agua, la dirigió río abajo desde San Ignacio hasta Buenos Aires, realizando con ella numerosas expediciones fluviales.

    A principios del año 1926 Quiroga regresó a Buenos Aires. En la cúspide misma de su popularidad, una empresa editorial le dedicó una distinción, donde participaron figuras literarias como Baldomero Fernández Moreno, Arturo Capdevila, Juana de Ibarbourou, Benito Lynch, Armando Donoso y Luis Franco.

    Como buen amante de la música clásica, Quiroga asistía con frecuencia a los conciertos de la Asociación Wagneriana, lo que alternó con la lectura perseverante de textos técnicos y manuales sobre física, mecánica y artes manuales.

    En 1927 decidió criar y domesticar animales salvajes, mientras hacia el montaje en imprenta de su nuevo libro de cuentos “Los desterrados”. Su último y definitivo amor fue María Elena Bravo, compañera de escuela de su hija Eglé, quien cayó rendida a sus reclamos, casándose sin siquiera haber cumplido veinte años.

    Amistades de Quiroga

    Entre sus grandes amigos, destacaron Leopoldo Lugones y José Enrique Rodó, la poeta Alfonsina Storni, Ezequiel Martínez Estrada.

    Mientras tanto, se dedicó a publicar diecisiete artículos biográficos dedicados a figuras reconocidas como Robert Scott, Luis Pasteur, Robert Fulton, H. G. Wells, Thomas de Quincey y otros.

    Para 1929 Quiroga sufrió su único fracaso en las ventas de sus obras: la ya citada novela “Pasado amor”, la cual solo vendió la exigua cantidad de cuarenta ejemplares. A la vez que comenzó a tener graves problemas conyugales.

    Último regreso a Misiones

    A partir de 1932 Quiroga se instaló por última vez en Misiones, lo que sería su retiro definitivo, al lado de su esposa y su tercera hija (María “Pitoca” Helena). No teniendo otros medios de vida, logró su traslado consular a una ciudad cercana. Los celos lo atormentaban y pensó que en medio de la selva podría vivir más tranquilo con su mujer y la hija de su segundo matrimonio.

    Pero un cambio de gobierno, rechazó sus servicios y fue expulsa del consulado. Algunos  de sus amigos, como el escritor salteño Enrique Amorim, lograron tramitar, sin éxito, la jubilación argentina para Horacio Quiroga.

    A partir de este impase, el intercambio de cartas entre Quiroga y Amorím se hizo numeroso, en las que se demuestra que Horacio hacía partícipe a su confidente de la mayor parte de sus problemas, pidiéndole consejos y ayuda, ya que a su esposa tampoco le gustaba la vida en la selva. Las peleas y altercados se volvieron diarias y permanentes.

    En ese de 1935 fue publicada una colección de cuentos ya antes editado titulada “Más allá”. Su interés en las obras de Munthe e Ibsen, lo llevó a revisar nuevos autores y estilos, y comenzó a planear su autobiografía.

    La Enfermedad de Quiroga

    Para el año de 1935, experimentó molestos síntomas vinculados a una enfermedad prostática. Las gestiones de sus amigos dieron buenos resultados  al año después, concediéndosele una jubilación.

    Al aumentar los dolores y dificultades para orinar, su esposa lo convenció de trasladarse a Posadas, donde los médicos le diagnosticaron hipertrofia de próstata. Pero su esposa e hija lo abandonaron definitivamente, dejándolo solo y enfermo en la selva y su ánimo decayó completamente ante esta grave pérdida.

    Cuando ya no pudo aguantar más, Horacio viajó a Buenos Aires para que los médicos lo tratasen. Internado a principios de 1937 en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires, una cirugía exploratoria reveló que padecía de cáncer de próstata, intratable e inoperable. María Elena se mantuvo siempre a su lado en sus últimos días, así como gran parte de su numeroso grupo de amigos.

    Una junta de médicos explicó al literato la gravedad de su estado. Luego pidió permiso para salir del hospital, lo que se concedió, dando un paseo largo por la ciudad.

    De regresó en el hospital se enteró que en los sótanos estaba encerrado un monstruo: un desventurado enfermo con espantosas deformidades similares a las del célebre inglés Joseph Merrick, el “Hombre Elefante”.

    Por compacion Quiroga exigió y logró que este paciente, llamado Vicente Batistessa, fuera liberado y se le instalara en su habitación. Ya siendo amigo, le rindió adoración y un gran agradecimiento eterno por su hermoso gesto humano.

    El Suicidio de Quiroga

    Exasperado por los sufrimientos presentes y por venir, y entendiendo que su vida había acabado, Quiroga confió a Batistessa su decisión de suicidarse: quien se comprometió a ayudarle.

    Cuentan en la Biografía de Horacio Quiroga, que esa misma madrugada bebió un vaso de cianuro que lo mató lentamente tras fuertes dolores.​ Sus restos fueron expuestos en la Casa del Teatro de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) que lo tuvo como fundador y vicepresidente. Tiempo después, sus restos fueron repatriados a su país natal. Quiroga pidió que al morir su cuerpo fuese cremado y sus cenizas arrojadas en la selva misionera.

    Como sus familiares y amigos añoraban su regreso a Salto, buscaron algo simbólico y decidieron hacer la urna en algarrobo, gracias a las manos del escultor ruso Stepán Erzia, pieza que está en el Museo Casa Quiroga en Salto, Uruguay. Como cosa del destino, sus dos hijos mayores, Eglé un año después (1938) y Darío (1952), también optaron por el suicidio, como antes lo habían hecho su padre y su madre, según cuenta la Biografía de Horacio Quiroga.

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